viernes, 26 de febrero de 2016

MITOLOGÍA PARA NIÑOS: Perseo el héroe que por amor a su madre tuvo que vérselas con la terrible Medusa.

Imaginaos una cabeza rodeada de serpientes, grandes colmillos, manos de bronce y alas de oro que le permitían volar. Imaginaos que además sus ojos eran capaces de echar chispas y que su mirada era tan penetrante, que el que la sufría se convertía en piedra. Pues bien este terrorífico y extraño personaje existe en las leyendas de la Antigua Grecia. Estamos hablando de Medusa, el terrible monstruo con el que se va a tener que  medir las fuerzas Perseo, el héroe griego que desde la pasada contamos sus andanzas (aquí).

 Benjamin Lacombe

Perseo era nieto de Acrisio, el rey Argos e hijo de la bellísima Dánae y de Zeus, el dios de dioses. Como ya contamos la pasada semana en su historia su abuelo tiene un papel fundamental pues a Acrisio el oráculo le había predicho que su nieto lo mataría y éste hizo todo lo posible primero para que no naciese y más tarde para perderle de vista.

Para cumplir el primer propósito Acrisio encerró a Dánae su única y bellísima hija en una gran torre imposibilitándole cualquier tipo de relación con ningún hombre y así que no pudiera quedarse embarazada.  Pero aunque la idea era estupenda -sin embarazo no había nieto que le matase-, el plan de Acrisio se fue a la porra en el momento en el que Zeus se enamoró de  Dánae y se convirtió en lluvia dorada penetrando en la habitación en la que estaba recluida por una de las grietas.


De la unión de Zeus y Dánae nació Perseo.




Cuando Acrisio se enteró enloqueció por completo y desoyendo el consejo de todo el mundo quiso deshacerse de ellos arrojándoles al mar encerrados en un cofre de madera.

Y así a la deriva estuvieron sin comida ni apenas espacio para moverse durante varios días. Realmente las esperanzas de subsistir para Dánae y Perseo eran muy escasas pero  Zeus no podía dejar morir a su hijo, así que pidió a Poseidón, el rey de mar, que calmase las aguas y les llevase hasta Séfiros.



Allí los náufragos fueron recogidos por un pescador de nombre Dictisque los acogió en su casa y crió al niño como si fuese su verdadero hijo convirtiéndose con el paso de los años en un muchacho de gran belleza e inmenso valor  cuyo principal objetivo era proteger a su madre.

Y ¿por qué de este interés por proteger? Os preguntaréis. Pues porque en esta isla no todos eran tan bondadosos y desinteresados como el pescador queles había acogido. Dictis tenía un hermano de nombre Polidectes que era, ni más ni menos, el rey de Séfiros y que enseguida cobró un papel principal en esta historia.

Ahora que vuestra salud es excelente y no corréis ningún peligro debo cumplir con las leyes de nuestra isla- les dijo un día Dictis.

Debo llevaros en presencia de Polidectes, el rey de Sérifos.

A Dánae la idea le pareció espantosa. Un Palacio, la corte, un rey... todo le traía malos recuerdos pero sabiendo de la bondad de Dictis para con ellos no quiso causarle ningún problema. Así que en cuanto se lo dijo cogió al pequeño Perseo y se acercaron a Palacio.


Y, ¿qué pasó? Pues lo que os imagináis:

Desde el mismo instante en que Polidectes vio por primera vez a Dánae se enamoró perdidamente de ella.

El rey le ofreció todo lo que estaba a su alcance para conseguir su amor o al menos su mano, pero Dánae siempre lograba escabullirse. Pasaron los años y el amor de Polidectes se convirtió en obsesión. El rey se pasaba todo el día maquinando la manera en la conseguir a su amada. Algo que en los últimos tiempos se le había complicado mucho, pues Perseo había dejado de ser un niño para convertirse  en el joven más bello y valiente del reino. Un joven que también tenía una obsesión, en su caso: proteger a su madre por encima de todas las cosas. 


Tras pensar y pensar  Polidectes lo tuvo claro:

La única manera de conseguir a Dánae era alejar de Séfiros a su hijo.
Pero debía alejarlo sin que pareciese una decisión premeditada. Dánae nunca se lo perdonaría. Así que decidió organizar un banquete e invitar a todos sus amigos y también, aunque amigo lo que se dice amigo no lo era, a  Perseo para anunciarles la buena nueva de su matrimonio.

En medio del banquete, el rey les preguntó a sus invitados qué le iban a ofrecer como regalo de bodas y todos llegaron a la conclusión que el mejor regalo sería un buen caballo. Todos menos Perseo. El joven estaba demasiado entusiasmado con la idea del futuro matrimonio del rey que liberaba a su madre así que no se le ocurrió mejor cosa que preguntarle  al propio Polidectes qué era lo que él realmente deseaba

El rey no desaprovechó la oportunidad y sin dudarlo ni un instante respondió:


Nada deseo ni desearé más que la cabeza de la górgona Medusa.

 


El silencio de la sala al escuchar las palabras del rey fue sepulcral. Nadie hay sobrevivido a las terribles y monstruosas Górgonas que vivían en los confines de la tierra. Pero Perseo en lugar de amilanarse contestó:

Si eso es lo que usted desea no dude que le traeré su cabeza.
Mañana mismo partiré en su búsqueda. 

Y así fue como el joven héroe inició un viaje que le llevaría hasta el Occidente extremo, muy cerca del reino de los muertos del que nadie creía que regresaría. Aunque con lo que no contaban era con que Perseo, como hijo de Zeus, tendría la inestimable ayuda de los dioses.

Si os parece  lo contamos la próxima semana.







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2 comentarios:

  1. Yo me he quedado con todas las ganas de saberlo todo todo! :)

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    1. Muchas gracias Ana por leernos. El viernes sabremos más.
      Un saludo

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