jueves, 6 de noviembre de 2014

MITOLOGÍA PARA NIÑOS: Eco y Narciso. O las terribles consecuencias de ser vanidoso.

En la mitología griega Narciso es un joven hermosísimo del que todas las chicas están enamoradas, pero él desprecia el amor,  no tiene interés por ninguna y a todas rechaza. Cuando nació, sus padres consultaron el porvenir de su hijo a un adivino de nombre Tiresias y éste les respondió que Narciso viviría hasta viejo si no se contemplaba a sí mismo. Parecía sencillo burlar la profecía, lo único que debían hacer era desterrar de su vida los espejos y demás objetos que pudieran reflejar su rostro.

Narciso. Escuela de Boltraffio (1510).

Los años pasaron, Narciso se hizo mayor  y se convirtió en el objeto de deseo de todas las ninfas y doncellas de la zona, pero siempre, tal vez porque no era consciente de su belleza, permanecía insensible a los encantos de éstas. Entre las muchas jóvenes heridas por su actitud se encontraba una ninfa llamada Eco. Sí, sí... se llamaba igual que el fenómeno acústico que se produce cuando la onda del sonido se refleja y vuelve hacia el mismo que la ha emitido. Si os parece contamos la historia de esta ninfa y entenderemos  perfectamente el por qué de su nombre. 


Eco era una ninfa de los bosques parlanchina e imprudente que había sido castigada  por Hera, la mujer de Zeus. Y es que la buena de Eco se había dedicado a dar conversión y entretener a Hera mientras Zeus -su marido, del que ya hemos descubierto en otros mitos que era muy mujeriego- se dedicaba a pasárselo en grande con otras mujeres. Cuando Hera se da cuenta que las charlas de Eco son un intento de encubrir las faltas e infidelidades de su marido, se enfada muchísimo con la ninfa y la castiga.  A partir de ese momento Eco ya no pudo hablar con normalidad, de una manera espontánea; su voz únicamente era capaz de pronunciar las últimas palabras de aquello que se le decía. Entendemos su nombre, ¿verdad?

Zeus y Hera

Eco avergonzada e incapaz de comunicarse se recluyó en una cueva en lo más profundo del bosque. Hasta allí llegó un día paseando el joven Narciso, ensimismado como siempre con sus propios pensamientos. Cuando Eco le vio quedó prendada del bello joven pero avergonzada por sus limitaciones no tuvo el valor suficiente para acercarse a él. Lo que ella no sabía es que iba a tener muchas más posibilidades.

Eco y Narciso, de Nicolas Poussin (hacia 1630)

Narciso encontró muy agradable la ruta que había seguido ese día, así que la repitió con frecuencia. Eco le esperaba y le seguía en su paseo, siempre desde lejos, temerosa de ser vista, hasta que un día, un ruido que hizo al pisar una ramita puso a Narciso sobre aviso de su presencia, descubriéndola.

Eco y Narciso, de John William Waterhouse (1903).

En lugar de seguir andando Narciso se quedó esperándola. Cuando Eco se dio cuenta de que había sido descubierta palideció, para después, en el momento en que Narciso se dirigió a ella, enrojecer.

¿Qué haces aquí? ¿Por qué me sigues?- le preguntó Narciso.

Unas preguntas a las que Eco únicamente logró responder:

- Aquí... me sigues... 

Narciso siguió hablando pero Eco era incapaz de expresarle sus sentimientos. Finalmente, como la ninfa que era, acudieron en su ayuda los animales, que de alguna manera le hicieron entender a Narciso que Eco estaba enamorada de él. Ella le miró expectante, ansiosa... pero la risa helada de Narciso le desgarró. 

Helen Stratton, 1915
Ilustración realizada para el libro A book of myths (1915) 
New York : G. P. Putnam's sons; London, T. C. & E. C. Jack.

Y así, mientras Narciso se reía de ella, de sus pretensiones, del amor que albergaba en su interior, Eco decidió morir de pena. Desesperada se retiró a su cueva, donde permaneció quieta, sin moverse, sin comer, repitiendo en voz queda, como un susurro, las últimas palabras que le había oído a su amado... 

"qué estúpida... qué estúpida... qué... estu... pida...". 

De ella sólo quedó la voz que aun hoy seguimos escuchando. ¿Sabéis dónde, verdad? Exacto.

Eco, de Alexandre Cabanel (1874)

Pero como bien demuestra esta historia los malos actos que realizamos no son gratuitos, en ocasiones tienen consecuencias.

Cuando las doncellas despechadas -recordad que no solamente estaba Eco, había muchas más- ven el final de Eco claman al cielo pidiendo venganza. Némesis, la diosa de la justicia y la solidaridad griega, quien había observado todo desde el cielo les escucha y hace que, en un día muy caluroso, tras una cacería Narciso se incline sobre una fuente para calmar su sed.


Narcissus, de Caravaggio (1594-1596)


Y allí, cuando está a punto de beber, ve su imagen reflejada. Tal y como había predicho Tiresias, esta imagen le perturbó enormemente. Quedó absolutamente cegado por su propia belleza en el reflejo. Enamorado de sí mismo e insensible ya para el resto del mundo murió allí mismo. Unos dicen que de inanición, ocupado eternamente en su contemplación. Otros que enamorado como quedó de su imagen, quiso reunirse con ella y murió ahogado tras lanzarse a las aguas. 

En lo que todos están de acuerdo es que en el lugar de su muerte brotó una nueva flor al que se le dio su nombre: el narciso, flor que crece sobre las aguas de los ríos, reflejándose siempre en ellos.




Si os ha gustado y queréis conocer más post en los que de una manera amena hemos intentado introducir la mitología griega a nuestros jóvenes, pinchad en el siguiente enlace.





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