viernes, 30 de mayo de 2014

MITOLOGÍA PARA NIÑOS: Las arpías, las monstruas que consiguieron hacer la vida imposible a un rey

Si alguién nos llama arpías, desde luego algo agradable no nos está diciendo, más bien lo que expresa es que somos de naturaleza codiciosa y que con arte y maña conseguimos todos lo que queremos.  Pues bien el monstruo mitológico del que hoy vamos a hablar, además de compartir el nombre -Arpía (también lo veréis escrito como Harpía)- comparte bastante con esta descripción, no en vano en griego arpía significa las que raptan o las que arrebatan .


Aunque la literatura posterior nos describirá a las Arpías comos eres horrendos, como el animal más terrible que se hubiese podido engendrar, en un principio las Arpías eran divinidades aladas de belleza fabulosa y larga caballera que solían ser representadas tanto como mujeres aladas o como aves con cabeza de mujer y garras afiladas.


Sus nombres nos hablan de esa capacidad que poseían, de ese "superpoder" que les permitía volar más rápido que el viento y los pájaros: Aelo (Borrasca), Ocípete (Vuela Rápido) y Celeno (Oscura), como el cielo cuando es recorrido por una nube tempestuosa. Pero no os penséis que la posesión de este don va a ser utilizada en pos de algo bueno: las arpías son raptoras de niños y devoradoras de almas y en las descripciones que encontramos suelen desprenden a su paso un olor tan infecto que corrompen cuanto rozan. Por algo fueron las elegidas para amargar la vida a un rey de Tracia llamado Fineo. Os cuento aunque ya avanzo que ésta, como tantas leyendas mitológicas, presenta varias variantes sobre el por qué llegaron las arpías a la vida de Fineo.


La primera de ella nos dice que fueron mandadas por Helio, el Dios del sol, que se había enfadado muchísimo con Fineo cuando decidió sacrificar sus ojos, es decir quedarse ciego, para así vivir larga vida. No es extraño que el Dios del sol castigará a alguien que se negaba a ver todos sus logros.


La otra leyenda coloca a las Arpías como un castigo enviado por Zeus y para entender este castigo debemos comentar algo más sobre Fineo. Fineo, que como ya os he avanzado antes era rey de Tracia, había tenido la fortuna de obtener de Apolo el don de adivinar el futuro. Hasta aquí perfecto, pero el problema estaba en cómo utilizaba estos dones proféticos y es que lo hacía de manera realmente precisa, sin omitir en sus predicciones a los hombres los pensamientos y voluntades más íntimas de los dioses, incluidos los del propio Zeus, quien cuando ve revelados sus designios se enfada muchísimo.

Mandadas por Helio o mandadas por Zeus lo cierto es que la función de las Arpías era atormentar la vida de Fineo. Y, ¿cómo lo hacían?, ¿cómo se amarga la vida de un rey? Pues en este caso arrebatándole cualquier cosa que se pusiese ante sí, en particular los alimentos y si no se los quitaban se los ensuciaban con sus excrementos, para que no lo pudiese utilizar.

¡Lo tenían desesperado y muerto de hambre!


Os podéis figurar que Fineo no podía más y lo único que quería era acabar con ellas pero no sabía cómo hasta que aparecieron en su isla los Argonautas. Y ¿quiénes son éstos?, me preguntaréis. Pues los compañeros de Jasón, el heredero legítimo del trono de Yolco (una antigua ciudad al este de Grecia) que para recuperar su trono (se lo había arrebatado su tío a su padre) inicia una travesía en busca del vellocino de oro. Toda una historia llena de pruebas y leyendas pero lo que hoy nos importa es que este viaje en busca del vellocino de oro lo hizo acompañado de los Argonautas.


Y en este viaje, tras varias escalas que los habían llevado por la isla de Lemnos, la isla de Cícico, la costa de Misia o el país de los Bélibres, acabaron llegando, sin el rumbo que debían seguir muy claro, a la costa de Tracia. Y ¿quién estaba allí? Pues sí Fineo que seguía hambriento y cada vez más desesperado ante la impotencia de no poder hacer nada contra las Arpías.


En cuanto desembarcaron los Argonautas pidieron consejo a Fineo sobre la ruta por la que debían continuar su expedición y Fineo les contestó que por supuesto les ayudaría pero antes le debían librar de las Arpías. Y los Argonautas aceptaron.

Dentro de la tripulación, que estaba formada por unos 55 miembros, se eligió a Calais y Zestes porque en su calidad de hijos Bóreas, el dios viento, eran los únicos argonautas que tenían alas y  eran perfectos para luchar con las Arpías.


Pero para poder con ellas lo primero que tenían que hacer era atraerlas, y la verdad que fue muy sencillo porque en el mismo momento en que Fineo se sentó a la mesa las Arpías irrumpieron y fueron sorprendidas por Zetes y Calais que iniciaron una salvaje persecución que les obligó a emprender el vuelo.

Durante la persecución, la primera de las Arpías cayó en el río del Peloponeso, que a partir de ese momento se llamó Harpis, y la segunda logró llegar a las islas Equínades. Pero Hermes, -os acordáis, el mensajero de los dioses, el de las sandalias aladas- acudió en su ayuda y prohibió la muerte de las Arpías, pues éstas no eran sino servidoras de Zeus.


A cambio del perdón que recibieron, ellas prometieron dejar en paz al rey Fineo y se escondieron en una caverna en Creta. Por supuesto, Fineo cumplió con su parte y ayudó a los Argonautas a proseguir su camino.


Si os ha gustado, el próximo viernes tendréis otro monstruo mitológico. Una manera divertida y amena de  introducir a nuestros niños en el fascinante mundo de la mitología.

Pinchando en el siguiente enlace accederéis a la lista de los 20 monstruos que en las próximsa semanas comentaremos.


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