jueves, 13 de febrero de 2014

Los niños de las raíces, de Sibylle von Olfers


 


Durante el largo invierno, 
los niños raíces duermen
bajo tierra.
"¡Despertad, despertad
pequeños, ya es hora:
pronto será primavera!"
Y todos se desperezan,
se estiran y se sacuden 
el pelo desgreñado



 
Enseguida se disponen
a coser su ropa de primavera.
Con agujas, alfileres,
tijeras y dedal:
ya casi están listos.




Después van a mostrar
a la Buena Madre Tierra
lo que cada uno hizo
con tanto esmero.
Ella, uno tras otro, 
los mira y repasa.
Les dice sonriendo:
"Vestíos, rápido".




Los más mayores, 
entretanto, no han olvidado
su tarea, con esponja,
cepillo, pinturas y pinceles.
"Venga, escarabajos, vamos 
mariquitas que hay mucho que 
hacer".
Y se ponen, todos juntos,
 manos a la obra.




Al fin en los campos
ya es primavera.
Y como una gran tira de 
colores salen al 
mundo y cantan
a las flores, a los 
insectos y a las pequeñas
hierbas.






En la espesura del bosque
verás al lirio de los valles,
bien temprano en flor,
al más juguetón de los niños
asustando a un caracol
y a una bonita violeta
ocultándose tras un árbol.




Juegan durante todo el día
con los no-me-olvides
en un arroyo,
y como si ed una pequeña reina
se tratase el lirio del
agua se deja mecer por los
niños




En la verde pradera,
junto a los trigales,
danzan de la mano la hierba,
las flores y los insectos.
¡Mucha alegría!
¡Ojalá siempre fuese verano!




Pero llega el otoño, con su
viento y sus tormentas, que les devuelve
rápidamente a casa, donde les 
recibe de nuevo la Madre Tierra
y les dice:

"Ahora pequeños id a la cama,
y dormid hasta que
otro año vuelva a nacer!"






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