jueves, 20 de noviembre de 2014

ARTE PARA NIÑOS: 10 reglas de oro para que nuestra visita a un museo sea un auténtico éxito

Recuerdo perfectamente la sensación que tenía de niña cada vez que me llevaban a un museo: aquello me abrumaba. No sabía a dónde mirar, había miles de cuadros. Había tantos que yo no veía nada, todos me parecían iguales pero no debían ser, porque alguien -un profesor, mis padres... todos opinaban- se había encargado de decirme que eran obras de arte, que eran maravillosos y que tenían un valor incalculable, en especial aquel que la gente venía en peregrinación a verlo desde todas las ciudades del mundo. 

Interior Museo del Prado (Madrid)

Yo no veía ninguno diferente, ni especial. El elegido por ellos -como me pasó cuando me enseñaron La Gioconda en mi primera visita a París... cómo nos íbamos a ir de París sin verlo- era incluso el más pequeñito y encima no se veía nada porque estaba rodeado de japoneses. Por supuesto, yo era una niña muy obediente. Por si acaso no decía nada, asentía con la cabeza y en lo único que pensaba era en lo cansada que estaba y en que me dolían los pies de recorrer tantos pasillos.

La Gioconda, Leonardo da Vinci (1503-1519)

Pasados los años te das cuenta que el problema no era mío,  mi sensación era absolutamente normal. Realmente los que no sabían cómo acercar el arte a un niño eran ellos, aunque tuvieran la mejor de las intenciones. Para que no os pase a vosotros lo mismo, os dejo 10 consejos, 10 reglas básicas que deberíamos seguir todos los padres, profesores, abuelos... que queramos iniciar a nuestros niños en el maravilloso mundo del arte. 10 reglas de oro para que sus primeras visitas al museo sean una experiencia especial de la que disfruten y, sobre todo, deseen repetir. 

  • 1. Ir a un museo no es una obligación. Como bien dice Françoise Barbe-Gall en su libro Cómo hablar de arte a los niños uno puede perfectamente visitar una ciudad, vivir incluso en ella, por ejemplo en Madrid, y no ir al Museo del Prado. Esa vieja frase: no podemos irnos de esta ciudad sin visitar el museo deberíamos desterrarla de nuestras cabezas. Podemos irnos de la ciudad perfectamente, como yo me voy de todas las ciudades que visito sin ver los estadios de fútbol. Si vamos al museo es porque queremos disfrutarlo. 
  • 2. Elegir un buen momento. Si hemos decidido que queremos ir al museo elijamos un buen momento. La primera visita de nuestro niño al museo no debe asociarla a una tarde triste, lluviosa en donde el museo se ha convertido en el plan alternativo a un divertidísimo paseo en bicicleta. Elijamos una tarde estupenda, en la que el niño y nosotros estemos descansados y seguro que lo disfrutaremos mucho más.

  •  
    Francisco Goya: El quitasol

  • 3. El Tiempo de las visita debe ser corto, adecuado a su edad. La concentración y esfuerzo -pensad por un momento que no pueden correr, no pueden tocar, no deben hablar alto... en un espacio que ellos ven como una pista de patinaje fantástica- que pedimos a un niño en una visita a un museo es enorme. No podemos exigir esto durante un periodo largo de tiempo. Si el niño es pequeño, pongamos cuatro, cinco años -como siempre digo las edades son orientativas, cada niño es un mundo con una evolución y proceso madurativo individual y propio- conseguir esto durante cinco minutos es un esfuerzo enorme.  
  • No debemos alargar la estancia en el museo durante una hora, se va agobiar y no va a ver nada y sobre todo no le va a gustar nada de lo que vea. El tiempo debe estar elegido en función de lo que él sea capaz de concentrarse y disfrutar. Cinco minutos, pues perfecto. Es más, el tiempo medio máximo de un niño ya preparado y dispuesto nunca debería exceder la media hora. Yo aquí tengo un principio muy claro: mucho mejor que le quede la sensación de querer volver otro día.

Giuseppe Arcimboldo

  • 4. Ir a ver cuadros no es ir a ver escaparates. La pregunta que mucha gente me hace cuando le digo lo del tiempo: y entonces, en solo cinco minutos, ¿cuántos cuadros vemos? Pues muy pocos, probablemente en sus primeras visitas uno o dos. Esto es muy fácil de entender. Yo siempre me imagino a un niño, ante un cuadro del Bosco o de Bruegel el viejo. De primeras no va a ver nada, suceden tantas cosas que su capacidad de observación se va a nublar. Necesitará un tiempo, tal vez una ayuda por nuestra parte, una pregunta... para comenzar a ver que allí suceden cosas, que allí hay escondida una historia maravillosa que él puede desvelar. Y comenzará a fijarse, a ver de verdad. Cuando has conseguido esto no puedes cortar al niño, debes darle su tiempo, dejar que lo vea y cuando él considere que ha acabado, si le apetece, puede ver otro cuadro. Pero si piensa que ya ha visto suficiente mucho mejor nos vamos a meredar.

Joan Miró: Bailarina II

  • 5. ¿Quién elige el cuadro que hay que ver? Pues si queremos que la cosa funcione deberían ser ellos. Decirle a un niño que tiene que ver ese cuadro porque es una gran obra de arte no creo que sea lo que más le atraiga. Probablemente sea mucho más interesante para él deambular por la sala y elegir la obra que quiere ver, la que más le ha seducido. También es cierto que cuando son más mayores y están más habituados si que podemos ir directamente a ver un cuadro. Nosotros muchas veces elegimos un autor, Monet este verano, o un cuadro, ya os hable de una de nuestras visitas al Museo del Prado, lo preparamos, le cuanto mil historias sobre él... y al final el premio es verlo en directo. Pero esto es otra cosa. En una primera visita seguro que funciona mejor si lo eligen ellos.

Claude Monet: Puente japonés en el jardín de Giverny
  • 6. Dejémosle hablar libremente, no le condicionemos desde el primer momento con nuestra opinión. Si nos dedicamos a decirle de manera muy entusiasta al niño lo maravilloso que es el cuadro que estamos viendo, lo que nos gusta, las sensaciones que nos provoca... ¿Qué le queda a él? A veces es mejor moderar nuestro entusiasmo y dejarle  espacio para que se exprese, para que nos diga qué siente, qué es lo que le gusta o lo que no le gusta... El niño se sentirá mucho más cómodo y menos cohibido si le permitimos entrar en ese territorio personal que tanto placer nos provoca desde su propio lenguaje.
Henri Matisse: Parakeet and the Mermaid

  • 7. Expliquémosles las reglas. Lo mismo que los niños cuando van al fútbol saben perfectamente que no pueden bajar al césped y ponerse a jugar con el balón por mucho que les apetezca, en un museo hay unas normas y para que la cosa funcione debemos contárselas y explicarles el por qué. En un museo no se chilla, no se corre, no se come... y no se hace porque molestas a la otra gente que está intentando disfrutar de ese cuadro igual que molestarías si en el cine se te ocurre ponerte a chillar. No pasa nada, podemos hablar bajito y contarnos todo lo que queramos. Aunque realmente lo que más les cuesta entender es por qué  las obras de arte no se puedan tocar. Esto es obvio que va en contra de la naturaleza del niño que de manera instintiva va utilizar su sentido del tacto para disfrutar de las cosas. Pero seguro que si le explicamos que no se puede tocar porque haces daño al cuadro, lo entiende perfectamente y si no  que se imagine qué le pasaría a su juguete preferido si fuese tocado todos los días durante 200 o más años por 100 personas cada día. Acabaría destrozado, pues esto es precisamente lo que pasaría con los cuadros si nos los cuidamos. 
Marcel Duchamp: El gran vidrio.

  • 8. Utilizemos los planos, carteles, audioguías que nos brinda el museo. Obviamente si son muy pequeños no, pero cuando ya empiezan a leer  les fascina descubrir por ellos mismos. Les fascina leer los títulos; ubicarse en la sala y buscar ellos el cuadro; escuchar por la audioguía y realmente hay algunos museos, no todos por desgracia, que tienen muy bien trabajada esa parte didáctica. Les divierten cosas que nosotros jamás nos hubiésemos imaginado. Mi hija durante un tiempo cogía el folleto general del Museo del Prado y se dedicaba a tachar los cuadros que había visto y pedía volver al museo para poder completar su lista.
  • 9. Como ya me he puesto personal, voy a seguir de la misma manera. Lo mismo que el cine lo asociamos con palomitas en mi casa asociamos ir al museo con una tarde estupenda en la que después de nuestra cita con los cuadros hay visita obligada a la librería -es un problema para el bolsillo pero sentimos una tracción fatal por las librerías de los museos, nos lo llevaríamos todo a casa- y una cafetería estupenda en la que merendamos una deliciosa tarta. Un plan perfecto.
Pieter Bruegel el viejo: Juego de niños
  • 10. Sentido común. Lo más importante, como siempre en la vida, es sentido común. Si a nosotros algo no nos gusta, se lo vamos a trasmitir. Si no nos apetece ir habrá mil momentos para acercarles el arte, como decía al principio esto no es una obligación, es un placer y ellos lo tienen que sentir así. De ahí que debemos tener mucho cuidado con las "batallitas" que contamos sobre nuestras primeras visitas a los museos. Si la experiencia fue buena, fantástico, cuéntasela, si no casi mejor la omites, porque realmente le vas a condicionar.

Espero que estas simples y obvias recetas os sirvan para introducir y disfrutar con vuestros niños de todo lo que este maravilloso mundo del arte les puede ofrecer.

Si os apetece seguir leyendo sobre el tema,  hay un libro muy claro y bien organizado en función de la edad de los chavales, al que antes he hecho mención, que os puede seguir ayudando. Lo firma Françoise Barbe-Gall y se titula Cómo hablar de arte a los niños.



Os espero mañana con una de mitología para niños. 


Si te ha interesado este post pinchando en los siguientes enlaces encontrarás más artículos sobre arte para niños que tal vez te guste conocer.


1 comentario:

  1. Hace unas semanas fui al reina Sofía con mis hijos, dos de 5 años y una de 2. Previamente habíamos hecho en el ordenador unas tarjetas con tres cuadros que estaban allí. Cada uno eligió uno de los cuadros y fuimos al museo para buscar y contemplar cada uno de ellos. Para los niños fue un juego muy divertido y los dos mayores se interesaron mucho por la vida de los pintores que habían realizado las obras elegidas por ellos. Ahora estamos leyendo una biografía para niños de estos pintores y les encanta.

    Me ha encantado el artículo.

    Un saludo

    ResponderEliminar