lunes, 28 de abril de 2014

De verdad que no podía, Gabriela Keselman y Noemí Villamuza

Como todos los lunes toca recomendación literaria. El libro que hoy hemos elegido titula, De verdad que no podía y lo firman Gabriela Keselman (texto) y Noemí Villamuza (ilustraciones).


 Hoy vamos a hablar de un libro que trata sobre los miedos de los niños, y pese a ser un tema recurrente en la literatura infantil, es la primera vez que recomendamos sobre esta materia -no será la última, lo prometemos- y lo elegimos porque estamos ante un libro diferente. Diferente por qué, me preguntaréis, pues por las reacciones de una mamá desesperada ante el desvelo de su hijo que haciendo gala de una desbordante y creativa imaginación va a buscar todo tipo de recursos y soluciones exageradas, incluso  descabelladas, podríamos decir, que convierten la historia en un libro muy, muy divertido. Pero vayamos paso a paso y veamos como se suceden los acontecimientos.


Marc es una niño que quiere dormir, de verdad que quiere. Pero no puede. Así que llama a su mamá y le dice:
Tengo miedo de que entre un mosquito gigante y me pique.

 

Y su mamá le responde que se no se procupe y que lo va solucionar ella en un momento fabricándole: 
un pijama antimosquitos con casco y todo, una espada
para defenderse de los insectos y un objeto espantazumbidos



Pero su mamá se marcha y le deja solo.


Pese al artilugio que su mamá ha creado para combatir la situación, en cuanto Marc se vuelve a sentir solo, le vuelven a entrar otros miedos como caerse de esa cama "tan alta" en la que duerme, que se derrita la luna y el mundo se quede oscuro o que venga un viento malo y le haga pillar un catarro. Su madre, con toda la paciencia y el amor del mundo siempre le repite lo mismo:

No te preocupes mi niño esto lo solucionó en un momento
y dormirás como un lirón.
[...]
No te preocupes tesoro eso lo soluciono en un minuto
y dormirás como un tronco.
[...]
No te preocupes mi amor eso lo soluciono en un momento
y seguro que dormirás hasta mañana.
[...]

Pero además de palabras la mamá se pone manos a la obra en busca de la manera con la que calmar al niño. Lo intenta todo, por disparatado que nos parezca. Construye trampas invisibles atrapa fantasmas, ositos espantazumbidos, le envía una carta a la luna para que no se derrita, e incluso, intenta desviar el viento por medio de carteles que indican que está en la dirección equivocada. Pero nada de todo ello ayuda a Marc.


Y aunque no os quiero desvelar el final, deciros que la solución no la va a encontrar en estas situaciones estrambóticas que tan divertido e incluso mágico hacen el libro, y que tanto gustan a los niños, sino que tendrá más que ver con su propia presencia.


Gabrielea Keselman consigue desde la sencillez y con un tema cotidiano construir una historia brillante que, estoy segura, les va a encantar y enganchar a los más pequeños, con esta estructura circular en donde la tensión y el interés va ir en aumento en cada una de las cinco situaciones que se nos presentan.
No nos podemos olvidar que el éxito del libro tiene mucho que ver con las expresivas  ilustraciones creadas por Noemí Villamuza con las que acentúa todavía más si cabe la comicidad de las escenas. No en vano este libro fue finalista del Premio Nacional de Ilustración 2002.

Disfrutadlo.






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